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Hay oportunidades pese a la caída del mercado de M&A en el primer semestre de 2020

Los compradores financieros mantienen el apetito inversor, pero la deuda es más cara y más difícil de obtener, y eso frena las operaciones. Claves para preparar con éxito un proceso de venta o de captación de capital.

En esta edición de nuestro análisis de mercado ampliamos el foco habitual para abarcar el mercado de M&A en su conjunto. La conclusión resultará familiar a quienes leyeron nuestro artículo anterior. En el primer semestre de 2020 se cerraron menos operaciones, y tanto su valor total como las valoraciones de las compañías bajaron. Las causas principales son las restricciones en los mercados de capitales y la brecha entre lo que esperan compradores y vendedores en materia de valoración.

Las operaciones de M&A caen tanto en volumen como en valor total

Hemos analizado todas las operaciones de M&A con compañías privadas y cotizadas registradas entre el 1 de enero de 2018 y el 30 de junio de 2020, más de 26.400 transacciones. Alrededor del 98% tuvo un valor inferior a 1.000 millones de dólares o no hizo público su importe. Es el middle market, el segmento al que Livingstone dedica el 100% de su actividad. Ha habido operaciones de gran repercusión, como las de Aon o Grubhub, pero las de más de 5.000 millones de dólares han caído un 53% interanual. Entre ellas hay casos destacados de operaciones paralizadas, como las de Taubman y Victoria’s Secret.

El middle market, en cambio, parece resistir mejor. Su volumen cayó solo un 28% interanual en el primer semestre de 2020 (un 11% en el primer trimestre y un 46% en el segundo). Es un descenso significativo, pero indica que se siguen cerrando miles de operaciones y que los mercados están abiertos, aunque con restricciones.

Muchos compradores estratégicos (empresas que operan en el mismo sector que la compañía objetivo) siguen sin decidirse a realizar adquisiciones por la incertidumbre en sus propios negocios. Ocurre sobre todo en los más expuestos a los mercados finales más castigados. Estos compradores protegen con prudencia sus balances ante un segundo semestre de 2020 marcado por el aumento de los contagios en Estados Unidos y la cercanía de las elecciones. El flujo de operaciones suele ralentizarse cuando el futuro es incierto, y hoy la incertidumbre es mucha.

La brecha entre las expectativas de compradores y vendedores reduce volúmenes y valoraciones

Los compradores estratégicos se muestran cautelosos, salvo que surja una oportunidad estratégica con una valoración atractiva. Los compradores financieros, como las firmas de Private Equity, siguen buscando activamente oportunidades de adquisición. Nos transmiten que están abiertos a hacer negocios, que disponen de capital abundante y que pueden ser creativos en la valoración y la estructura para cerrar operaciones en un entorno sin precedentes.

El problema está en sus cálculos: los compradores financieros suelen recurrir a la deuda para elevar la rentabilidad de sus inversiones. Los financiadores, por naturaleza más reacios al riesgo que los inversores de capital, no están dispuestos a ofrecer el mismo nivel de apalancamiento que hace apenas seis meses. Además, esa deuda es cada vez más cara. Por eso los compradores financieros no pueden alcanzar la rentabilidad (ROI) que buscan si pagan múltiplos similares a los de operaciones anteriores. Les quedan tres opciones: rebajar el precio de compra, vincular una parte mayor del pago a los resultados del negocio tras la adquisición mediante un earn-out, o usar otro mecanismo que haga variable el coste real de la operación.

Así, los vendedores tienen que aceptar un precio con descuento o asumir el riesgo de los resultados futuros compartiendo la propiedad. Los vendedores, sobre todo los de empresas que resisten o incluso prosperan en este contexto, no están dispuestos a hacer estas concesiones.

Dónde están las oportunidades en medio del caos

Hay quien sostiene que las empresas excepcionales deberían aprovechar este momento para salir al mercado. La escasez de vendedores y la competencia entre compradores pueden llevar a valoraciones muy por encima de la media. El principal riesgo de esta estrategia es que los compradores no alcancen la valoración que espera el vendedor y este tenga que aplazar la operación. Eso supone más distracción y desgaste para la empresa vendedora. También genera confusión en el mercado, porque el vendedor tendrá que justificar una valoración más alta entre seis y doce meses después, cuando probablemente su negocio apenas habrá cambiado. Aun así, las empresas pueden dar algunos pasos para reducir este riesgo y aumentar sus posibilidades de éxito en una captación de capital o un proceso de M&A.

En primer lugar, poner la casa en orden y aprovechar este tiempo para prepararse. Publicaremos un artículo más detallado sobre este tema en las próximas semanas, pero lo esencial es esto: analizar a fondo los datos y los indicadores clave de rendimiento (KPI) relevantes para cada negocio. Hay que empezar a recoger los datos actuales y a reunir las métricas históricas que les den contexto.

Un proceso de venta (sell-side) o de recapitalización siempre conlleva una due diligence exhaustiva. Ahora más que nunca, disponer de buenos datos históricos sobre el desempeño operativo de la empresa ayudará a que el proceso salga bien y a respaldar las proyecciones financieras.

En segundo lugar, usar el tiempo y la energía de forma eficiente con un proceso dirigido. Algunas operaciones se ofrecen a un número muy amplio de compradores para maximizar el valor. Eso puede suponer mucho trabajo extra para el equipo directivo de la empresa vendedora y hacerle perder tiempo y energía. Aquí el banco de inversión adecuado, con conocimiento del sector y acceso a los compradores idóneos, puede ayudar a identificar a quienes estén dispuestos a competir por la compañía.

En definitiva, para las empresas que contemplen una venta, una recapitalización o una adquisición en los próximos 24 meses, es un buen momento para hablar con un asesor financiero que conozca su mercado. Un banco de inversión experimentado como Livingstone, con un profundo conocimiento sectorial, puede ayudar a evaluar si una compañía está preparada para salir al mercado. También puede definir las iniciativas estratégicas previas a la operación para preparar la comercialización y después dirigir un proceso riguroso que genere competencia entre los compradores. Una pequeña preparación ahora dará grandes frutos más adelante, evolucionen como evolucionen los mercados.